jueves, 1 de marzo de 2012

Cuarto Menguante Teatro presenta: Azahares y Espinas


El viernes 24 de Febrero tuve la dicha de asistir al cierre de temporada de "Azahares y Espinas" presentada por la compañía de teatro independiente Cuarto Menguante en el Centro Cultural José Martí, muy cerca de la Alameda Central.
"Azahares y Espinas" es una adaptación de Bodas de Sangre de Federico García Lorca, magistralmente dirigido por Mariana Carbajal.




A decir verdad he visto esta obra bastantes veces, tantas que incluso ya perdí la cuenta; sin embargo cada vez que vuelvo al teatro la emoción comienza desde la fila de entrada y cada una de las representaciones tiene un espíritu propio, de forma que se llegan a saborear los diálogos, la música y el trabajo corporal de los actores con gran intensidad, hasta llegar a compartir el sufrimiento de los personajes, el deseo, la ausencia de aquellos que siempre están presentes, el éxtasis del combate, la locura y la muerte, hasta quedar con el corazón exhausto para liberar un gran suspiro al final y después el aplauso, ese aplauso que estuvo guardado en la oscuridad del teatro.
Por todo esto es que el teatro es un arte único que jamás podrá ser reemplazado por el cine o la televisión; el ver y sentir a los actores sobre el escenario es una experiencia impactante.



 
Desde 2010, Azahares y Espinas se ha presentado en diversos escenarios: El Foro Cultural Coyoacanense "Hugo Argüelles", El 2do Festival de Pantomima en Querétaro, El Festival de Teatro Independiente Agua Dulce, Veracruz 2010, XI Feria Internacional del Libro en el Zócalo y El Centro Cultural José Martí, entre otros.

Es asombroso atestiguar el proceso de maduración de una obra que fue impactante desde su estreno y cuyo montaje fue realizado con tal cuidado y dedicación, que muchas veces llegué a pensar que no podía ser mejor; sin embargo he tenido oportunidad de verla con diferentes actores en los papeles de Isabel, Jerónimo y Belimperia, y eso solo lo ha hecho mejor, pues se renueva, se aviva y en especial en esta última representación que considero uno de sus momentos cumbre.
Definitivamente el escenario del Centro Cultural José Martí favoreció mucho la obra, ya que tiene una mejor acústica y fue posible apreciar muchos diálogos que quizá tendían a perderse en otros escenarios; desde el inicio podía percibirse la profundidad de las emociones contenidas en cada uno de los personajes que, en un primer momento se funden en una masa oscilante de deseos, de causas y motivos que los llevan poco a poco hasta el abismo.
El trabajo corporal y la música en vivo crean una especie de hipnosis apenas perceptible en el público, el vaivén de las figuras en la luz trémula y rojiza del escenario crea cuadros y composiciones vivas cuyo dramatismo es comparable a "La Balsa de Medusa" de Théodore Géricault.



 
Azahares y Espinas es una poesía sobre un escenario, cada uno de los personajes pareciese hecho de filigrana o de fina orfebrería: La Madre que es ángel y demonio, mujer amada y dulce, con el corazón en la mano y al mismo tiempo amarga como la mandrágora, su tragedia se expande hasta tocar al último de los espectadores.
Jerónimo el enamorado que lo apuesta todo al hermoso semblante de una mujer, inocente y alegre, honorable y tristemente incontrolable, aquí me gustaría mencionar que me agrada mucho la vivacidad y la gallardía de Miguel del Castillo.
Leonardo es el hombre esforzado y fuerte, no menos gallardo y honorable que Jerónimo pero nacido bajo una mala estrella, en cuyo corazón roto y amor inextinguible es posible reflejarse; sus diálogos son directos, como lo es el hombre del campo y su locura le escapa del entrecejo. Este genial antagonista de pronto nos abre su corazón, en medio del bosque, tendido en la hojarasca con Isabel de forma que es imposible acusarle de injusto.
Isabel bella como una flor silvestre que crece en la roca más escarpada, todos los ojos que la han mirado se inflaman de deseo; frágil y fuerte, hermosa y traicionera, mujer honrada pero consumida por su pasión. Isabel ha sido interpretada por Claudia Wega e Ireri Solís en 2010, Valeria Betancourt en 2011, y en 2012 por Nara pech y Rebeca Roa. En el cierre de temporada fue Rebeca Roa  quien la interpretó y considero que ha sido la más bella de las actrices que han interpretado dicho papel, aunque aún no he visto a Nara Pech como Isabel y no dudo que será algo digno de recordar, pues he tenido el privilegio de verla actuar en la compañía El Minutero Teatro.



 
La Luna el más enigmático de los personajes a quien he definido como "agente del destino" muchas veces parece la personificación del demonio, de la muerte o la locura; es una especie de genio que se complace en la desdicha humana, sediento de sangre y desconcertantemente benigno en ocasiones.
Uno de mis momentos preferidos de La Luna es la persecución en el bosque, donde acompaña a Jerónimo y ambos describen el bosque tenebroso, las rocas, las raices, el frío de la noche y el camino accidentado a través de su técnica corporal. La Luna es interpretada por el talentoso actor Erik Enríquez.
Belimperia la mujer leal, la buena esposa, pero despechada y despreciada; cuyos pasos pareciesen seguir las huellas de La Madre hacia la soledad y la amargura de la viudez.
Ella me conmueve especialmente pues es un punto de identificación o de equilibrio entre los polos: Isabel y La Madre.
Ella bien sabe lo que es ser "la novia" en el día de su boda, sabe lo que es ser deseada y amada, y de pronto se ve sumida en la incertidumbre y en el abandono. También es madre, una madre joven que se aferra a su hijo a medida que el amor y la vida de Leonardo acaban.



 
El combate escénico es uno de los momentos claves de la obra, la coreografía estuvo a cargo de Miguel Ángel Barrera de esto no diré más, así como no caeré en la tentación de citar muchos de mis diálogos favoritos pues Azahares y Espinas debe experimentarse personalmente, es algo que se disfruta momento a momento y ninguna descripción podría sustituir una noche de teatro.
Quizá el único comentario negativo que tengo es la austera iluminación del Centro Cultural José Martí en comparación con el Foro Cultural Coyoacanense, aunque esto no logró afectar el maravilloso desempeño de los actores.

 


Esta pequeña nota la escribo con el motivo de la gran estima y admiración que siento por los miembros de Cuarto Menguante Teatro, como un gesto de gratitud porque nunca salí insatisfecho del teatro después de ver Azahares y Espinas, porque les agradezco infinitamente sus "Entremeses Cervantinos" además de que los extraño junto con "Librándola" que en 2011 cumplió sus 100 representaciones, porque comparto la alegría de los 7 años de la compañía y espero que sean aún muchos más.
Recomiendo ampliamente el trabajo de la compañía y me quedo ilusionado, siempre en espera de verlos en el teatro.
Es un privilegio formar parte de su público.

Pedro Sacristán
Artista Plástico

Mi elenco favorito de  Azahares y Espinas:

Madre - Brenda Sánchez Viveros
Jerónimo - Miguel Del Castillo
Leonardo - Armando Solares
Isabel - Nara Pech y Rebeca Roa
Belimperia - Susana Islas y Nara Pech
La Luna - Erik Enríquez
Con música en vivo de Majo Villaseñor
Dirección de Mariana Carbajal


Visita:


 
 

*Fotografía: Esván Lemus
Las imagenes pertenecen a Cuarto Menguante Teatro y han sido incluidas aquí con el permiso expreso de los miembros de la compañía.
  

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Giotto



Giotto detalle de la pintura de Paolo Uccello
Cinco Maestros del Renacimiento Florentino (o Padres de la Perspectiva)


Ante el narcicismo exacerbado que impera en el mundo de las artes visuales, junto con la falta de talento y oficio de las tendencias de vanguardia, conviene reflexionar acerca de los humildes orígenes de este gran artista del trecento italiano que cambió para siempre la historia del arte.

Bien dice el dicho "Los laureles crecen entre la ceniza" y efectivamente así fue. Giotto nació alrededor de 1267 en Vespignano, una aldea en las afueras de Florencia, hijo de un labrador llamado Bondone; durante su niñéz Giotto fue un pastorcito que cuidaba las ovejas de su padre e impulsado por su instinto natural dibujaba mucho, pero no como hacen los niños de ahora, él era tan pobre que no tenía lápices ni papel, así que dibujaba con una ramita sobre la tierra o con piedras afiladas.
Giorgio Vasari "El Padre de la Historia Moderna del Arte" nos cuenta que cierto día el pintor Cimabue quien era el artista más destacado en el arte bizantino, iba camino a Florencia y vió al pequeño Giotto dibujando a una de sus ovejas del natural, el gran Cimabue quedó muy sorprendido ante el evidente talento del pastorcito y lo invitó a ser su discípulo con la autorización de su padre; entonces la costumbre era que los alumnos vivían en la casa de sus maestros.

En pocos años Giotto aprendió bien el estilo de su maestro y lo superó, creando una revolución en la pintura que más tarde sería alabada por artistas como Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci entre otros.
El introdujo la prática de retratar a las personas del natural, cosa que no se hacía desde hace siglos, los principios de la perspectiva y la tridimensionalidad.

Dante Alighieri fue gran amigo de Giotto y escribe acerca de él en la Divina Comedia en el Canto XI del Purgatorio: "¡Oh vana gloria del poder humano! ¡Cuan poco subsistes! Creíase que Cimabue era el señor de la pintura, ahora Giotto se levanta triunfante y la fama de su maestro es hoy obscura". También Boccaccio nos asegura en su Decamerón: "La pintura de Giotto es de tan excelente calidad que cuantos la miran la confunden con la realidad".

Vasari describe a Giotto como "No menos buen cristiano que buen pintor" muy alegre, ingenioso, aplicado al estudio e incluso bromista. "Por gracia de Dios y ayudado por la naturaleza Giotto resucitó a través del dibujo ese arte que se había perdido en aquella época grosera e incapáz, llena de artífices incompetentes".

Entre sus obras más hermosas se encuentran: El ciclo de frescos de la Basílica de San Francisco en Asís, El ciclo de frescos de la Capilla de los Scrovegni, El crucifijo de Santa María Novella, la Madonna Ognissanti, el Políptico Stefaneschi y el Baroncelli, el Mosaico de la Navicella, etc.

El poeta Francesco Petrarca menciona en su testamento una pintura al temple de la Virgen María de Giotto que le era muy querida.




Finalmente aquel pastorcito que dibujaba con humildad en la tierra hizo magníficas pinturas y retablos con fondos de oro sobre la vida de Nuestro Señor y los Santos.
Giotto murió en el año de 1336, sus obras han fascinado a la humanidad por más de 700 años; de modo especial mencionaré el fresco donde San Francisco de Asís se desposa con la Pobreza.

Salve Regina

Pedro Sacristán
Artista Plástico




* Las imagenes utilizadas en esta entrada las obtuve en internet.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Arte Medieval

 
 
 
La Sala de Arte Gótico pertenece a la Colección Permanente del Museo Nacional de San Carlos, que está ubicado en el que alguna vez fuera El Palacio del Conde de Buenavista, cuya construcción se le atribuye al arquitecto Manuel Tolsá.
La exposición está compuesta por 13 tablas y retablos que datan de los siglos XV y XVI, de procedencia española y flamenca (Flandes - actual Bélgica - fue una colonia del Imperio Español durante el siglo XVI) por lo tanto, puede decirse que todas las piezas de la sala son españolas.

La Edad Media abarca un periódo aproximado de 1000 años, que va desde el siglo V al XV; siendo el arte de los siglos XIV y XV un puente de transición entre el Medievo y El Renacimiento; también se le considera como Gótico Tardío ó Gótico Internacional. Este estilo ha recibido nombres tales como: Estilo Suave y Estilo Hermoso menciona Anna Eörsi en su libro International Gothic Style in Painting.
El Arte Medieval es, casi en su totalidad, Arte Sacro; por lo que las pinturas tienen como único fin la catequésis y despertar la devoción del espectador, cabe señalar que en aquel entonces no todos sabían leer y escribir; por lo que se consideraba a la pintura como "La Biblia de los Pobres".
El Arte Sacro habla de una realidad espiritual, no trata de hacer representaciones realistas como se hacen en los retratos; es rico en simbolismo e incluso me atrevo a calificarlo de "poético".
La pieza que da la bienvenida a los visitantes es el Vir Dolorum (Varón de Dolores) se trata de una pequeña pintura al temple y óleo sobre tabla, en la que se muestra el sufrimiento de Cristo en su Pasión; a su izquierda y derecha los ángeles sostienen la lanza, los clavos y la esponja, símbolos de la crucifixón. En la pintura de éste periódo se utilizaban los fondos dorados para simbolizar la Omnipresencia de Dios.
 


 
Más adelante se encuentran dos Predelas de Jaume Goncalbo (la parte inferior de un retablo o banca de retablo) en la primera: San Jorge y el Dragón, El Camino a Damasco (la conversión de Saulo) y El Varón de Dolores: En ésta última se identifican los rasgos del estilo: los fondos dorados, la perspectiva jerárquica, la abundancia de símbolos, por ejemplo: "El Manto de la Verónica" que alude al Via Crucis, el gallo que representa la triple negación de Pedro, los clavos, la escalera, el flagelo, etc.
A los lados están San Juan y La Virgen María, justo como se ven en las escenas de la Crucifixión, que representan a la Iglesia y el Ministerio Ordenado; tanto la túnica de Jesús, de la Virgen y de los Santos han sido pintadas con gran delicadeza, precisamente se considera que los artistas del Gótico eran verdaderos especialistas en el trabajo de los pliegues, de ahí el nombre: Estilo Suave y Hermoso.



El Retablo de la Encarnación de Pere Espallargues ocupa el fondo de la sala y en él se muestran diversas escenas de la Vida de Jesús y los Santos. Éste retablo está compuesto por 11 tablas pintadas al temple y óleo; los retablos se leen de la siguiente forma: de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha, las divisiones verticales se llaman Calles y las horizontales Cuerpos.
En esta sala se exhiben verdaderas joyas que han logrado sobrevivir 5 siglos y están ahí, para ser apreciadas y disfrutadas por todo el público.
 

 
 
Los invito a visitar la Colección Permanente del Museo Nacional de San Carlos
Calle: Puente de Alvarado No. 50 Col. Tabacalera.
Abierto de Lunes a Domingo de 10:30 AM. a 6:00 PM.
Cerrado el Martes.
 
 
Pedro Sacristán
Artista Plástico


 

domingo, 11 de septiembre de 2011

Todos los Colores del Amanecer


Mi última Acuarela:



"Todos los Colores del Amanecer"
Acuarela
Pedro N. Sacristán
2011.


Este es un Técpatl, cuchillo de pedernal utilizado por los mexicas para el sacrificio humano.
Aquí corta el cielo y divide la noche del amanecer, en la parte de abajo se encuentra Tenochtitlán, la antigua Ciudad de México, el chorro de sangre sale (o cae) sobre el recinto ceremonial de la ciudad.




Tenochtitlán - detalle
Atrás se ven los volcanes, "El Popocatépetl" y "El Iztaccíhuatl", arriba de ellos la Vía Lactea y finalmente todos los colores del amanecer se reflejan en el Técpatl.




Vía Láctea - detalle
   


Pedro Sacristán
Artista Plástico






sábado, 30 de abril de 2011

Flor y Canto

  

Decoración para el cirio pascual 2011.


"Flor y Canto" (In xóchitl, in cuícatl) es una expresión prehispánica que era y es utilizada para designar todo aquello que es sublime, también se le llama de esta forma al arte de la poesía, este es el tema de la decoración para el cirio pascual 2011; que ha sido elaborada con repujado en metal pintado con acrílico y consta de cinco partes: el anillo superior, la cruz, el anillo inferior, alfa y omega. Las piezas han tomado como fuente de inspiración la iconografía de la imagen de la Virgen de Guadalupe y el Salmo 148, y han sido decoradas con símbolos en lenguaje inculturado, es decir, utilizando motivos prehispánicos en un contexto cristiano. El cirio se lee de abajo hacia arriba en el siguiente orden: Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.




"Rosa"
Práctica de repujado en metal para "Flor y Canto".




"Amanecer" (detalle)
Repujado en metal.



Dibujos previos 






"Amanecer"
Dibujo previo a grabado en aluminio.





"Rosas"
Dibujo previo a grabado en aluminio y calca en rojo.



Repujado en metal 






"Amanecer"
Repujado en metal.





"Rosas"
Repujado en metal.





"Noche y Día" y "Amanecer"
Repujado en metal.


 

"Flor y Canto"
Repujado en metal.


Pintura





"Rosas"
Repujado en metal pintado con acrílico.



El anillo inferior simboliza la Pasión de Cristo; la luna negra en medio de una guirnalda de rosas rojas tiene múltiples significados, representa a la Virgen María en primer lugar, por su participación en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, también representa a la iglesia, el color negro expresa la oscuridad de la fe de acuerdo con el pensamiento de San Juan de la Cruz  (La Noche Oscura). Las rosas rojas con espinas representan la sangre derramada por el Cordero, la Pasión de Cristo, los mártires cristianos y también la vida del hombre en este mundo. El diseño fue inspirado en las palabras de la Madre Teresa de Calcuta: "Jesús quiso ayudarnos compartiendo nuestra vida, nuestra soledad, nuestra agonía y nuestra muerte. Todo eso lo ha tomado sobre Sí y lo ha llevado a la noche más oscura. Solo siendo uno con nosotros Él nos ha redimido".



"Cruz"
Repujado en metal pintado con acrílico.



La cruz representa la pila bautismal vista desde arriba, por ello ha sido decorada con las ondas del agua; en el centro se halla el símbolo "Nahui Ollin", es un glifo inculturado que representa a Jesucristo y se considera como una equivalencia prehispánica del antiguo símbolo cristiano "Ichthys". La cruz de agua simboliza la muerte de Jesús y la muerte del pecado (el Nahui Ollin y el Cordero se han fundido en la cruz).  "Con Cristo sois sepultados en el Bautismo..."




"Amanecer"
Repujado en metal pintado con acrílico.


Esta pieza es el anillo superior del cirio pascual y representa la Resurrección de Cristo de un modo inculturado. En el centro está la media flor multipétala en espiral, símbolo prehispánico del amanecer y del ocaso, la espiral expresa el movimiento del sol a través del cielo. De acuerdo a la iconografía náhuatl las estrellas son "Los Ojos del Cielo”,  aquí el cielo turquesa también representa "Las Ruedas de Turquesa" de los Cuatro Vivientes (los Evangelios) que están debajo del Trono de Dios en la Visión del Profeta Ezequiel (Ez 1, 1 - 28  y  10, 1 - 22). Esta obra es la síntesis de la espiritualidad mexicana: indígena y cristiana. "...con Él también habeis resucitado" (cf. col 2, 12).



"Flor y Canto" 
Cirio pascual 2011.



Los símbolos alfa y omega (principio y fin) están contenidos dentro de "Chachihuites" (el glifo que representa el jade). En el México antiguo el jade era sumamente valorado, incluso más que el oro y para los mexicas representaba la divinidad, el fuego y la perfección. La totalidad de la composición representa al Cordero y los elementos que conforman el universo como expresión de alabanza de la creación hacia Dios Todopoderoso: tierra (las rosas), agua y viento (la cruz) y fuego (el jade y el sol). Las tres virtudes teologales se encuentran contenidas en los colores de la decoración: la Fe (el color blanco del cirio), la Esperanza (el verde del anillo de turquesa) y la Caridad (las rosas rojas); siendo la llama que arde en el cirio la llama del amor que está por encima de todas las virtudes. La decoración del cirio también corresponde a las palabras del Papa Benedicto XVI en el mensaje de Cuaresma de 2011.

"Que yo pueda conocerle a Él, el poder de Su Resurrección y la Comunión con Sus Padecimientos, hasta hacerme semejante a Él en Su Muerte, tratando de llegar a Su Resurrección de entre los muertos" (Fil. 3, 10 - 11).



Pedro Sacristán
Artista Plástico